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    El Albatros, un invento que une la imaginación de Julio Verne con la Región de Murcia

    29 de noviembre de 2019

    Con motivo de la exposición «Julio Verne. Los límites de la imaginación» nos sumergimos en algunas de las ideas más interesantes que Julio Verne plasmó en sus novelas. Podréis visitarla en la Sala temporal del Museo de la Ciencia y el Agua hasta el 26 de abril de 2020. 

    El final del siglo XVIII y los principios del siglo XX fueron muy importantes para la aeronavegación. Se tuvo que tomar la decisión de si apostar por aerostatos, como los globos, o por grandes máquinas más pesadas que el aire como medio de vuelo. De los caminos posibles que eligió la aeronavegación moderna, fue el segundo el que prosperó. Y el que prefirieron dos visionarios como Julio Verne y Juan de la Cierva.

    En 1783 se realiza la primera ascensión tripulada con descenso seguro, el globo aerostático de los hermanos Montgolfier. De esta manera los años siguientes están protagonizados por el desarrollo de una de las dos ramas más importantes de la aeronavegación: los aerostatos, que son las naves que usan un fluido de menor densidad que el aire. En ese momento parecía que el futuro pasaba por ellos.

    Sin embargo, tanto Julio Verne como Juan de la Cierva coincidieron en algo: el futuro pasaba por máquinas más pesadas que el aire. Y además, esas máquinas volarían gracias a hélices superiores. En ese momento de la historia, eran unas ideas bastante provocativas y difíciles de creer.

    Julio Verne, en su obra “Robur El Conquistador” (1886), describe al protagonista del título como un ingeniero que defendió el uso de naves “más pesadas que el aire”. También narra su cruzada particular contra la sociedad Welton Institute, que abogaba por el uso de globos para transportar grandes cantidades de personas. Tras ser desautorizado por sus teorías, el libro narra cómo se embarca en una nave que ha fabricado él mismo. Es el Albatros. Verne la describe como algo parecido a un helicóptero compuesto por materiales pesados.

    Algunos años después el murciano Juan de la Cierva construyó en 1920 el primer autogiro. El camino estaba marcado por el avance que habían supuesto los primeros vuelos: veinte años antes los hermanos Wright idearon, construyeron e hicieron volar el primer aeroplano en Carolina del Norte. Pero De la Cierva inventó una aeronave con la articulación de las palas del rotor en la raíz de la misma. El autogiro supuso un gran paso adelante en la aeronavegación y terminó siendo el adelanto del helicóptero. Y, así mismo, fue una apuesta muy parecida a la que hizo Verne por el camino que finalmente se tomaría.

    Podéis encontrar más información sobre este tema en un apartado de la exposición “Julio Verne. Los límites de la imaginación”.

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